El pasado mes de junio, mi amigo Miguelón me propuso que le acompañase a hacer barranquismo en Los Chorros. El propósito de la aventura no era más que el de pasar un buen rato en compañía de cinco amigos que hiciéramos rentable la experiencia y que con la consiguiente equipación y previo pago de 50 euros pasásemos una jornada diferente.
Cargamos los coches y subimos hasta Canto Cochino, donde aparcamos y seguimos a pié hasta Los Chorros.
El día se presentaba prometedor: buen tiempo, el precioso paisaje de siempre y la mejor compañía.
Así que aprovechamos la marcha para bombardear al monitor con todo tipo de preguntas al respecto de la disciplina que enseña, hasta que éste tuvo ganas de presentar su dimisión o practicar con nosotros otra modalidad de barranquismo (la de tirarnos a nosotros por el primer barranco).
Sólo uno de nosotros tenía experiencia previa, el resto éramos todos novatos y con bastante nervios (al menos yo que no tengo mucha fe en mis habilidades en este tipo de deportes de aventura).






Su declaración como
Hay que destacar el cuidado ecológico de los ecosistemas que alberga el Parque, así como algunas de las especies que habitan y crían en el mismo, algunas declaradas en peligro de extinción.

