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El verano no hace que perdamos las buenas costumbres y quedamos como siempre, bien tempranito, para evitar el mortal calor con el que nos está castigando este fatigoso mes de agosto. ¿Matalpino, Moral y de vuelta a casa?. Hecho.
“Vamos, Miguelón, que merece la pena”


















También son comunes a otras “salidas” los primeros kilómetros que recorremos pedaleando antes de que el cansancio haga mella en nuestras piernas… atravesamos el pueblo por la carretera principal, subimos por el Castillo Viejo y seguimos en dirección al Parque Natural al que accedemos por su parte trasera, la que está subiendo la cuesta que queda a la izquierda de la entrada principal.
Hoy la montaña está transitada. Las nubes que ocultan el sol no han arredrado a los montañeros y excursionistas con los que nos cruzamos a lo largo de toda la mañana. De forma muy poco habitual encontramos un todo terreno que sirve de primer avituallamiento a los montañeros que han iniciado su ruta. Un grupo de unos treinta están preparando su marcha, desayunado y charlando sobre cómo se les va a presentar la mañana.
Nosotros a lo nuestro. Tomamos un poco de agua y seguimos pedaleando para afrontar la segunda parte de las Zetas, la que a mi parecer es la más dura. Llegamos a la entrada y nos sorprenden unos tímidos rayos de sol que desafían a las nubes y que calientan lo suficiente para que algunos montañeros empiecen a quitarse las camisetas.
Sin parar ni un minuto, proseguimos con nuestro ascenso. El carril está más concurrido que nunca y los excursionistas nos dedican los saludos y las bromas de rigor (ya podréis yendo motorizados, cuidado con las raíces que son muy traicioneras, a ver si me vas a pillar que vaís muy rápido…etc).



